Amor y amistad
Amor y amistad —No conozco ninguna otra tan eficaz —contestó Augusta.
—¿Es que nunca has sentido los deliciosos dardos del amor, Augusta? —replicó mi Edward—. ¿Acaso tu vil y corrupto paladar cree imposible vivir del amor? ¿Te resulta inconcebible el lujo que es vivir las dificultades que inflige la pobreza junto al objeto de tu más tierno afecto?
—Resultas demasiado ridÃculo —dijo Augusta— y no me molestaré en discutir contigo. Sin embargo, quizá con el tiempo te convenzas de que…
La aparición de una joven muy hermosa, que fue conducida a la habitación en cuya puerta yo estaba escuchando, me impidió oÃr el resto. Al anuncio de «Lady Dorothea», abandoné inmediatamente mi puesto y la seguà a la salita, porque recordaba muy bien que era ella la dama que habÃa sido propuesta como esposa a mi Edward por el cruel e implacable barón.
Aunque la visita de Lady Dorothea era nominalmente para Philippa y para Augusta, tenÃa ciertas razones para pensar que (sabedora del matrimonio y de la llegada Edward) el principal motivo de la misma era verme.