Amor y amistad
Amor y amistad —Augusta —replicó el noble joven—, creÃa que tenÃas una opinión más alta de mÃ. DeberÃas imaginar que no iba a degradarme de forma tan abyecta como para considerar la opinión de mi padre en ninguno de mis asuntos, más aún tratándose de un asunto de importantes consecuencias para mÃ. Dime con sinceridad, Augusta, ¿alguna vez me has visto consultar su parecer o seguir su consejo sobre cualquier menudencia, desde que tenÃa quince años?
—Edward —replicó ella—, eres demasiado modesto a la hora de elogiarte a ti mismo. ¿Solo desde que tenÃas quince años? Mi querido hermano, te concedo que desde que tenÃas cinco años no has contribuido voluntariamente a la más mÃnima satisfacción de nuestro padre. Aun asÃ, no dejo de sospechar que pronto te verás obligado a degradarte ante ti mismo y a buscar ayuda para tu mujer en la generosidad de sir Edward.
—¡Nunca jamás, Augusta, me degradaré de ese modo! —dijo Edward—. ¡Ayuda! ¿Qué clase de ayuda crees que Laura puede recibir de él?
—Solo la muy insignificante que se traduce en poder comer y beber —contestó ella.
—¡Comer y beber! —replicó mi esposo, en un tono noble y despreciativo—. ¿Imaginas que la única ayuda que una personalidad elevada como la de mi Laura puede recibir consiste en el bajo y grosero suministro de comida y bebida?