Amor y amistad
Amor y amistad —¿Y adónde nos dirigiremos para protegernos de ambas? —dije yo.
—A esa casa blanca —replicó ella, señalando un bonito edificio que se elevaba por encima del bosque de olmos y en el cual yo no habÃa reparado antes.
Yo me mostré de acuerdo y en seguida nos dirigimos hacia allÃ. Llamamos a la puerta y esta nos fue abierta por una anciana. Tras preguntarle si nos podrÃa dar alojamiento por una noche, nos informó de que su casa era muy pequeña y de que solo tenÃa dos dormitorios; sin embargo, nos ofrecÃa uno de ellos. Satisfechas, acompañamos a la buena mujer al interior de la casa, donde nos vimos gratamente reconfortadas por la visión de un agradable fuego. La mujer era viuda y tenÃa solo una hija de diecisiete años. Una de las mejores edades, sin duda, pero ¡ay!, era bastante tonta y se llamaba Bridget. Nada, por tanto, podÃa esperarse de ella: ni ideas exaltadas, ni sentimientos delicados, ni una sensibilidad refinada. No era sino una simple joven de buen carácter, educada y bien dispuesta. Como tal, era difÃcil que nos disgustase: solo podÃa ser objeto de desdén.
Adeiu.
LAURA.
DECIMOCUARTA CARTA
Laura
Continuación: