Amor y amistad
Amor y amistad Cuando llegamos al pueblo donde debíamos tomar nuestro desayuno, decidí hablar con Philander y con Gustavus. Con ese propósito, tan pronto como bajé del carruaje, me dirigí hacia el asiento exterior y les pregunté con gran gentileza sobre su salud, expresándoles mi preocupación por la incomodidad de su estado. En un principio parecieron confundidos por mi aparición, temiendo sin duda que les reclamara el dinero que nuestro abuelo me había entregado y del que tan injustamente ellos me habían privado. Sin embargo, al ver que no mencionaba una palabra sobre el asunto, me pidieron que subiera con ellos para que pudiéramos conversar con mayor comodidad. Así lo hice entonces y, mientras el resto del grupo se dedicaba a ingerir grandes cantidades de té verde y de tostadas con mantequilla, nosotros nos agasajamos, de una forma mucho más refinada y sentimental, con una conversación íntima. Yo les informé sobre todas las cosas que me habían sucedido en el transcurso de la vida y, a petición mía, ellos me relataron todos los incidentes de la suya.