Amor y amistad
Amor y amistad —Desde nuestra llegada a Escocia, mi padre —continuó Augusta— ha viajado siempre en su coche para ver las bellezas del paÃs, solo por dejarles algo de dinero en los bolsillos; porque, desde luego, hubiese sido mucho más agradable para nosotros visitar las tierras altas en una silla de posta, y no viajar de Edimburgo a Sterling y de Sterling a Edimburgo un dÃa sà y otro no, en una diligencia tan atestada de gente y tan incómoda.
Yo estuve totalmente de acuerdo con su punto de vista sobre el particular y secretamente culpé a sir Edward por sacrificar el bienestar de su hija, a causa de una ridÃcula mujer mayor cuya estupidez —casarse con un hombre tan joven— solo merecÃa el reproche de todos. Su comportamiento, sin embargo, concordaba perfectamente con su carácter: qué otra cosa cabÃa esperar de un hombre que no poseÃa un solo átomo de sensibilidad, que desconocÃa el significado de la palabra simpatÃa casi por completo, y que roncaba.
Adeiu.
LAURA.
DECIMOQUINTA CARTA
Laura
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