Amor y amistad
Amor y amistad Augusta me dijo que, teniendo como tenía un considerable gusto por las bellezas de la naturaleza, su curiosidad por contemplar algunos paisajes como los que esta exhibía en aquella parte del mundo se había visto intensificada por el viaje a las tierras altas, de Gilpin, y que, por lo tanto, había convencido a su padre de que hicieran un viaje por Escocia y persuadido a Lady Dorothea de que los acompañara. También me dijo que habían llegado a Edimburgo unos días antes y que, desde allí, habían hecho excursiones diarias al campo en el coche de postas en el que nos encontrábamos. De una de aquellas excursiones regresaban ahora.
Mis siguientes pesquisas se dirigieron entonces hacia Philippa y su esposo. Del último supe que, habiendo gastado toda la fortuna de ella, había recurrido como medio de subsistencia a aquel talento en el que siempre había destacado, a saber, el de la conducción; y que, habiendo vendido todo lo que les había pertenecido, salvo el coche, habían convertido este en diligencia, y que, para evitar que cualquier día se lo arrebatara alguno de sus antiguos conocidos, lo había llevado a Edimburgo, desde donde iba a Sterling uno de cada dos días; y que Philippa, quien aún sentía afecto por su desagradecido esposo, le había seguido hasta Escocia y que, generalmente, le acompañaba en sus pequeñas excursiones a Sterling.