Amor y amistad
Amor y amistad —Bien, mi querido William, ¿qué piensas de estas niñas? Por mi parte, no las encuentro tan feas como esperaba. Aunque quizá tú creas que soy parcial, siendo como son las hijas de mi esposo, y es posible que estés en lo cierto. Se parecen tanto a sir George que es natural pensar que…
—Mi querida Susan —exclamó en un tono de extraordinaria incredulidad—. ¡No pensarás que se parecen lo más mÃnimo a su padre! ¡Él es feÃsimo! Pero, perdona, habÃa olvidado completamente con quién estaba hablando…
—¡Oh, no te preocupes! —repliqué yo—. Todo el mundo sabe que sir George es monstruosamente feo y te aseguro que siempre le consideré un horror.
—Me sorprenden sobremanera tus palabras sobre sir George y sus hijas —contestó William—. No es posible que veas a tu esposo tan falto de encantos personales como dices, y tampoco es posible que encuentres el menor parecido entre él y las señoritas Lesley, quienes, a mi juicio, no se parecen a él en nada y son muy bonitas.
—Si esa es tu opinión sobre las niñas, no veo cómo pueda defenderse la belleza de su padre, porque, si ellas no se le parecen en nada y son muy bonitas al mismo tiempo, serÃa natural pensar que él es muy feo.