Amor y amistad
Amor y amistad La alteración del comportamiento de mi hermana, a la que ya he aludido, comenzó entonces a producirse. Dejó de respetar el acuerdo que teníamos de admirar mutuamente nuestras producciones y, aunque yo aplaudía cada una de sus danzas populares, ninguno de mis pasteles de paloma obtenía una sola palabra de aprobación de su parte. Esto hubiera sido razón suficiente para que cualquier otra persona hubiese montado en cólera; sin embargo, yo me mantuve fría como un queso fresco y, después de pensar en un plan y de trazar una estrategia de venganza, decidí que siguiese actuando a su manera sin hacerle un solo reproche. Mi plan consistía en tratarla como ella me trataba a mí e, incluso si pintaba mi propio retrato o tocaba Malbrook (la única balada que de verdad me gusta), no decir nada más que «Gracias, Eloisa», a pesar de haberla aclamado falsamente durante años cada vez que tocaba diciendo: bravo, bravissimo, encora, da capo, allegretto, con espressione, poco presto, y otras muchas palabras igualmente extranjeras, las cuales, según me explicó Eloisa, expresaban mi admiración. Y debe de tener razón, porque las veo repetidas en cada página de todos los libros de música. Me imagino que deben de reflejar el sentimiento del compositor.
Ejecuté mi plan con gran exactitud; no puedo decir que con gran éxito porque, ¡ay!, mi silencio cuando tocaba no parecía molestarle en absoluto. Por el contrario, un día llegó incluso a decirme: