Amor y amistad
Amor y amistad Una de las desventuras particulares de esta mujer fue la de estar rodeada de malos ministros. Ya que, a pesar de lo perversa que era ella, no es posible que cometiera tantos atropellos de no haber contado con la aprobación y el apoyo de estos hombres viles y disipados. Ya sé que mucha gente cree y sostiene que Lord Burleigh, sir Francis Walsingham y el resto de los que ocupaban los principales puestos del estado fueron ministros dignos, experimentados y capaces. Pero ¡ay!, qué ciegos al verdadero mérito, al mérito despreciado y vilipendiado, son tales escritores y tales lectores, si persisten en esa opinión cuando se piensa que estos hombres, estos hombres tan alabados, se convirtieron en la vergüenza de su país y de su sexo al permitir y ayudar a su Reina a confinar por espacio de diecinueve años a una «mujer» que, si los derechos de parentesco y mérito no eran ya suficientes, al menos tenía, como Reina y como persona digna de confianza, toda la razón para esperar ayuda y protección; y, por último, al permitir a Isabel que llevara a esta amable mujer a una muerte intempestiva, inmerecida y escandalosa. ¿Es posible que alguien que reflexione por un momento sobre esta mancha, sobre la eterna mancha que pende sobre estos hombres, pueda elogiar mínimamente a Lord Burleigh o a sir Francis Walsingham? ¡Ah, cuánto sufriría esta cautivadora princesa, cuyo único amigo fue el duque de Norfolk, y cuyos únicos defensores somos ahora el señor Whitaker[24], la señora Lefroy[25], la señora Knight[26] y yo misma, que fue abandonada por su hijo, confinada por su prima, engañada, culpabilizada y vilipendiada por todos, cuánto sufriría esta extraordinaria inteligencia al ser informada de que Isabel había ordenado su muerte! Y, sin embargo, todo lo soportó con inquebrantable fortaleza, con la cabeza firme, con Fe en su religión, y se preparó para encontrarse con su cruel destino con una magnanimidad que solo podía proceder de una conciencia inocente. ¿Podrá creer el lector que, a pesar de todo, algunos protestantes de corazón duro y celoso han querido ultrajarla por esa fidelidad a la religión católica que en ella brillaba de tal forma? Pero esta no es sino una sorprendente prueba más de la estrechez de espíritu y de los prejuicios de quienes la acusan. María fue ejecutada en el salón de embajadas del castillo de Fortheringay (¡sagrado lugar!) el miércoles, 8 de febrero de 1586, para el eterno reproche de Isabel, de sus ministros y de Inglaterra en general. Quizá no esté de más que, antes de concluir mi relato sobre la vida de esta desventurada Reina, comente cómo, durante su reinado en Escocia, fue acusada de varios crímenes, de los cuales aseguro terminantemente que fue inocente, no habiendo sido esta reina jamás culpable sino de imprudencias que pagó por la grandeza de su corazón, por su juventud y por su educación. En la confianza de haber borrado con esta afirmación toda sospecha y toda duda que pudiera haber surgido en la mente del lector a raíz de lo que otros historiadores han escrito sobre ella, procederé a mencionar el resto de los acontecimientos que marcaron el reinado de Isabel. Fue más o menos por entonces cuando, para honra de su país y de su profesión, vivió sir Francis Drake, el primer marino inglés que navegó alrededor del mundo. No obstante, a pesar de su grandeza y de su justamente celebrada fama de gran navegante, no puedo dejar de prever que, en este o en el próximo siglo, será igualado por alguien[27] que, aunque ahora es demasiado joven, promete ya cumplir con todas las ardientes y apasionadas expectativas de sus amistades y parientes, entre las cuales puedo incluir a la amable dama a quien está dedicada esta obra y a mi no menos amable persona.