Amor y amistad
Amor y amistad «Si seguÃs estas indicaciones y os mantenéis firmes en ellas —dije— no tengo nada que temer, y podré llevaros a casa de la señora Cope sin miedo a que os veáis seducidas por su ejemplo o contaminadas por sus locuras. Vamos, pues, niñas mÃas —añad×, el coche está a punto de llegar a la puerta y no quiero retrasar la felicidad que estáis tan impacientes de disfrutar».
Cuando llegamos a Warleigh, la pobre Augusta casi no podÃa respirar, y Margaret era pura alegrÃa y emoción.
«El momento tanto tiempo esperado ha llegado por fin —dije— y pronto nos encontraremos con el mundo».
Momentos más tarde, estábamos en el saloncito de la señora Cope, quien, con su hija, esperaba sentada para recibirnos.