Amor y amistad
Amor y amistad —Mi querida Sophia, no se sienta incómoda por haberse expuesto ante mà de esta manera. Cambiemos de conversación.
¡Oh, cuánto le agradecà su amabilidad!
—¿Sigue montando a caballo tanto como antes? —me preguntó.
—Mi médico me ha recomendado que monte. Hay sitios muy bonitos para montar por aquÃ. Tengo un caballo encantador. Me gusta muchÃsimo esta actividad —repliqué yo, bastante recuperada de la confusión—. En resumen, monto mucho.
—Hace usted muy bien, querida —dijo ella.
Y después repitió la siguiente lÃnea improvisada, que servÃa para recomendar tanto la monta como el candor:
—Monte a caballo siempre que pueda y sea candorosa siempre que tenga ocasión.
Y añadió:
—Yo montaba a caballo, pero hace muchos años.
Dijo esto en voz tan baja y trémula que yo me quedé en silencio. Tan impresionada estaba por su forma de hablar que no podÃa articular palabra.
—No monto a caballo —continuó, fijando sus ojos en m× desde que me casé.
Nunca en mi vida algo me habÃa sorprendido tanto.
—¡Desde que se casó, señora! —repetÃ.