Amor y amistad
Amor y amistad —Es verdad, Ellen, pero las velas cuestan dinero, y la señora Williams es demasiado sensata para despilfarrar.
—Se acababa de sentar a cenar, señora.
—¿Y qué tenÃa de cena?
—No me fijé. Pan y queso, supongo.
—No puedo pensar en una cena mejor —dijo Ellen.
—No tienes que pensar en nada —replicó su madre— porque la que tú tienes es siempre mejor.
La señorita Greville se echó a reÃr estruendosamente, como hace siempre ante el ingenio de su madre.
Tal es la humillante situación que me veo obligada a sufrir cuando viajo en el coche de la señora. No me atrevo a ser impertinente, porque mi madre siempre me previene de que, si quiero abrirme paso en el mundo, debo comportarme de forma humilde y paciente. Ella insiste en que acepte todas las invitaciones de Lady Greville; de otra forma te aseguro que nunca entrarÃa ni en su casa ni en su coche, tan tristemente segura estoy de que, mientras esté en una o en otro, siempre me insultará por mi pobreza.