Amor y amistad
Amor y amistad El placer de bailar y el hecho de tener la pareja más agradable de la habitación me hicieron olvidar pronto mi irritación. Como además es el heredero de una enorme fortuna, pude ver cómo el hecho de que me hubiera elegido no hacÃa muy feliz a Lady Greville. Estaba decidida a mortificarme y, por lo tanto, cuando estábamos sentadas entre baile y baile, vino hacia mà y, con un aire más insultante que el de costumbre y apoyada en la señorita Mason, me preguntó de forma que pudiera escucharla la mitad de la gente que estaba en la habitación:
—Por favor, señorita Maria, ¿a qué se dedicaba su abuelo? Ni yo ni la señorita Mason podemos recordar si era carnicero o encuadernador de libros.
Me di cuenta de que querÃa mortificarme y decidà que, si podÃa evitarlo, no permitirÃa que lo hiciera.
—Ninguna de las dos cosas, señora; comerciaba con vino.
—Ah, sÃ, yo sabÃa que se dedicaba a uno de esos trabajos de la clase baja. ¿Se arruinó, verdad?
—Creo que no, señora.
—¿No se fugó?
—Nunca he oÃdo que lo hiciera.
—Bueno, al menos murió en la indigencia, ¿no es verdad?
—No tengo noticia de ello.
—Pero ¿no era su Padre tan pobre como una rata?
—No lo creo.