Amor y amistad
Amor y amistad —SÃ, hace un terrible viento del Este —dijo su madre—. Le aseguro que casi no puedo soportar la ventanilla bajada. Pero usted está acostumbrada a moverse al aire libre, señorita Maria. Imagino que será por eso por lo que tiene un cutis tan enrojecido y tan basto. A ustedes, las señoritas que no pueden ir mucho en coche, no les importa el tiempo que haga ni que el viento les descubra las piernas. Yo no permitirÃa que mis niñas estuviesen fuera de casa, como hace usted, en un dÃa como este. Pero alguna clase de gente no tiene idea de lo que son ni el frÃo ni la delicadeza. Bueno, recuerde que la esperamos el jueves a las 5 en punto. DÃgale a su doncella que venga a recogerla por la noche. No habrá luna y tendrá un camino de vuelta bastante horrible. Mis respetos a su madre. Me temo que se le habrá enfriado la cena. Cochero, ¡vámonos!
Y se marchó, dejándome furiosa como siempre.
MARIA WILLIAMS.
CUARTA CARTA
De una joven dama bastante impertinente a su amiga