Amor y amistad
Amor y amistad —No me avergüenzo de sentirlo —dije, armándome de valor—. Tampoco me niego a confiar en usted, ni me sonroja decir que amo a su primo el señor Musgrove, o que me siento sinceramente atraÃda por él, porque no es ninguna desgracia amar a un hombre guapo. Si fuera feo, tendrÃa sobrados motivos para avergonzarme de una pasión que serÃa lamentable, ya que su objeto serÃa indigno. Pero con esa figura y esa cara, con ese pelo tan bonito como el que tiene su primo, ¿por qué iba a enrojecer al afirmar que esas cualidades superiores han hecho mella en mÃ?
—¡Mi dulce niña! —dijo Lady Scudamore, abrazándome muy afectuosamente—. ¡Qué manera tan delicada de pensar tiene usted en estos asuntos, y qué rápido discernimiento para una persona de su edad! ¡Cómo la honra tener tan nobles sentimientos!
—¿Cree usted, señora? —dije yo—. Es usted muy generosa. Pero, Lady Scudamore, le ruego que me diga, ¿fue su primo en persona quien le habló de su afecto por mÃ? Me gustarÃa aún más si lo hubiese hecho, porque ¿qué es un amante sin un confidente?