Amor y amistad
Amor y amistad —¡Oh, querida! —replicó ella—. ¡Han nacido el uno para el otro! Cada palabra que dice me convence más de que sus mentes actúan por el poder invisible de la simpatÃa, porque sus opiniones y sus sentimientos coinciden de una manera total. Y el color de su pelo es bastante parecido. SÃ, mi querida niña, el pobre y desesperado Musgrove me reveló la historia de su amor. No crea que me sorprendió porque, no sé por qué, tenÃa una especie de presentimiento de que se enamorarÃa de usted.
—Bueno, pero ¿cómo se lo dijo?
—No fue hasta después de la cena. Estábamos sentados junto al fuego, hablando de cosas sin importancia, aunque he de decir que yo hablaba casi todo el tiempo, mientras él se mostraba silencioso y pensativo, cuando de repente me interrumpió en medio de una frase, exclamando en un tono de lo más teatral:
«¡SÃ, estoy enamorado, ahora lo siento!».
»¡Y es Henrietta Halton quien asà me ha herido!
—¡Oh, qué manera tan dulce de declarar su pasión! ¡Hacer unos versos tan encantadores por mÃ! ¡Qué pena que no rimen!