Amor y amistad
Amor y amistad El señor Gower se recompuso lo suficiente para dar las órdenes necesarias para su funeral, el cual se celebró al lunes siguiente, siendo aquel día sábado. Una vez hubo establecido el orden que debía seguir la procesión, partió hacia Carlisle para llorar su tristeza al lado de su familia. El señor Gower llegó a este lugar en buen estado de salud y de ánimo, después de un viaje delicioso de tres días y 1/2. ¿Cuál no sería su sorpresa cuando, al entrar en el saloncito del desayuno, vio a Rosa, a su adorada Rosa, sentada en un sofá? Al verlo, Rosa se desmayó y se hubiera caído al suelo si un caballero que estaba sentado de espaldas a la puerta no se hubiera levantado y hubiera prevenido la caída. Rosa se recobró pronto y presentó a este caballero a su hermano como su esposo, un tal señor Davenport.
—Pero, mi querida Rosa —dijo el sorprendido Gower—, pensaba que estabas muerta y enterrada.
—Bueno, mi querido Frederic —replicó Rosa—, eso era lo que quería que pensaras. Actué así con la esperanza de que propagarías la noticia por todo el país y de que esta acabaría por llegar al castillo de…, con lo cual confiaba en ablandar de algún modo los corazones de sus habitantes. No fue hasta anteayer cuando escuché la noticia de la muerte de mi adorado Henry, que recibí del señor Davenport y a la que puso fin ofreciéndome su mano. Yo la acepté, en un transporte de emoción, y me casé ayer.