Amor y amistad
Amor y amistad Alice ya habÃa empezado a ponerse colorada y a hablar, cuando la dama, dándose cuenta de su incomodidad, continuó de la siguiente manera:
—Me temo, mi querida niña, que acabo de ofenderla con mis palabras. Le aseguro que no es mi intención perturbarla con el recuerdo de algo que ya no puede remediarse. Al contrario de lo que mucha gente piensa, no creo que pueda culpársele demasiado, porque cuando una persona se encuentra bajo los efectos del licor, nunca se sabe lo que puede hacer.
—Señora, esto es demasiado. Insisto en que…
—Mi querida niña, no se angustie más por el asunto, le aseguro que he olvidado por completo cualquier cosa relacionada con él. No me sentà enfadada en aquel momento, porque me di cuenta todo el tiempo de que estaba usted borracha como una cuba, y sabÃa que no podÃa evitar decir las extrañas cosas que decÃa. Pero veo que la perturbo, de modo que cambiaré de tema y desearé que no vuelva a mencionarse. Recuerde que está todo olvidado. Y ahora continuaré con mi historia, pero debo insistir en que no le haré una descripción de la señora Watkins. Eso no harÃa sino revivir viejas historias y, como al fin y al cabo usted nunca la conoció, le dará igual que su frente fuera demasiado ancha, sus ojos fuesen demasiado pequeños, o que tuviese demasiado color en las mejillas.
—¡Otra vez! Lady Williams, esto es demasiado.