Amor y amistad
Amor y amistad Kitty poseía una gran imaginación y respondía con entusiasmo a la amistad y al rumbo de su fantasía. Este adorado cenador había sido el resultado de su trabajo y del de dos simpáticas niñas, por quienes desde su infancia había sentido un cariño muy tierno. Eran las hijas de un clérigo de la parroquia con cuya familia, mientras allí vivió, su tía había mantenido lazos muy estrechos, y las niñas, aunque vivían separadas durante la mayor parte del año a causa de su diferente educación, estaban siempre juntas durante las vacaciones de las señoritas Wynne. El cenador se había construido en aquellos días felices de la infancia, tan añorados por Kitty, y ahora que se encontraba separada de sus queridas amigas, quizá para siempre, le traía a la memoria, más que ningún otro sitio, los tiernos y melancólicos recuerdos de las agradables horas pasadas con ellas. ¡Recuerdos tan tristes y portadores de alegría a un tiempo! Habían transcurrido dos años desde la muerte del señor Wynne y de la consiguiente dispersión de los miembros de su familia, que había quedado en una situación de gran pobreza. Dependían ahora, casi completamente, de unos parientes que, aunque muy ricos y estrechamente relacionados con ellos, se habían mostrado muy reacios a contribuir a su sostén.