Amor y amistad
Amor y amistad Por fortuna, la señora Wynne se había ahorrado el sufrimiento de conocer la difícil situación de sus hijas, ya que murió de una dolorosa enfermedad pocos meses antes del fallecimiento de su marido. La hija mayor se había visto obligada a aceptar el ofrecimiento de uno de sus primos de enviarla a la India, y, aunque no había nada más alejado de sus deseos, se había visto en la necesidad de abrazar esa única posibilidad de supervivencia. Y, sin embargo, era tan opuesta a todas sus ideas sobre la corrección, tan contraria a sus deseos, tan repulsiva a sus sentimientos, que, de haber tenido la posibilidad de elegir, hubiera preferido la esclavitud. Sus encantos personales le habían proporcionado un esposo tan pronto como llegara a Bengala, y ahora llevaba casada un año; espléndida pero tristemente casada. Unida a un hombre que le doblaba la edad, de carácter poco amable y modales groseros, aunque se le consideraba una persona respetable. Kitty había tenido dos veces noticias de su amiga desde su matrimonio, pero sus cartas eran siempre tristes y, aunque nunca declaraba abiertamente sus sentimientos, cada línea demostraba que era infeliz. No hablaba con placer de nada, salvo de aquellas diversiones que habían compartido juntas y que nunca más volverían, y su única felicidad consistía en la idea de regresar a Inglaterra.