Amor y amistad
Amor y amistad —La reina Isabel —dijo la señora Stanley, que nunca se arriesgaba a hacer un comentario sobre historia, si no estaba bien fundado— vivió muchos años y fue una mujer muy lista.
—Es verdad, señora —dijo Kitty—, pero, en mi opinión, ninguna de esas circunstancias es meritoria en sà misma y están muy lejos de hacerme desear su regreso, porque, si volviera otra vez, con su mismo talento y con su misma buena constitución, podrÃa hacer el mismo daño y durante el mismo largo perÃodo de tiempo que la vez anterior.
Y volviéndose hacia Camilla, que habÃa estado muy callada durante un tiempo, añadió:
—¿Qué piensa sobre Isabel, señorita Stanley?
—No sé nada de polÃtica, ni soporto su mención.
Kitty se quedó muy sorprendida ante este enérgico rechazo, pero no dijo nada, persuadida de que la señorita Stanley era ignorante porque el tema le desbordaba. Confundida por su opinión sobre su nueva amiga, se retiró a su habitación, con el temor de que esta no se parecÃa nada a Cecilia ni a Mary.