Amor y amistad
Amor y amistad Gracias a reflexiones de esa Ãndole, Kitty consiguió reunir toda la resignación y la paciencia que el dolor fÃsico le permitÃa —y que, después de todo, era la mayor desgracia de las dos— y al entrar en el comedor del desayuno contó la triste historia con tolerable compostura. La señora Percival, más apesadumbrada por el dolor de muelas que por la desilusión de la muchacha —ya que pensaba que si esta iba al baile no podrÃa evitar que bailara con algún hombre—, comenzó a ensayar todo lo que no habÃan probado hasta entonces para aliviar el dolor, y declaró rotundamente que Kitty no podÃa salir de casa. La señorita Stanley, que se unió a la preocupación general por el estado de su amiga, sintió también un gran temor, no fuera que la proposición de su madre —según la cual todos deberÃan quedarse en casa— fuera aceptada; dio extraordinarias muestras de tristeza por lo que ocurrÃa y, aunque se vio pronto tranquilizada en su aprensión —ya que Kitty dijo que preferÃa ir al baile antes que permitir que alguien se quedara a acompañarla—, continuó lamentándose con tal vehemencia y constancia que finalmente consiguió que Kitty se fuera a su habitación. Ahora que sus temores quedaban completamente disipados, Camilla contaba con más tranquilidad para perseguir y compadecer a su amiga, la cual, aunque a salvo cuando estaba en su propia habitación, cambiaba con frecuencia de una a otra con la esperanza de librarse del dolor, y en estas ocasiones no podÃa escapar de ella.