Amor y amistad
Amor y amistad El miércoles por la noche se retiraron a sus habitaciones muy excitadas, pero a la mañana siguiente Kitty se despertó con un fuerte dolor de muelas. En vano intentó engañarse al principio, sabía muy bien cuál era la realidad. Intentó dormir con el mismo poco éxito, porque el dolor le impedía cerrar los ojos. Kitty llamó entonces a su doncella y con la ayuda de la gobernanta intentaron llevar a la práctica todo lo que encontraron en el libro de los remedios caseros. Eso sí, sin ningún éxito, porque aunque consiguió cierto alivio temporal, el dolor volvía una y otra vez. Kitty se vio obligada a renunciar a todo nuevo intento y a reconciliarse no solo con el dolor de muelas sino con la idea de perderse un baile y, aunque había anhelado tanto el día de su llegada, había disfrutado tanto con los preparativos y se había prometido que iba a pasarlo muy bien, no renunció a tomar las cosas con cierta filosofía, a diferencia de lo que habrían hecho muchas muchachas en su situación. Pensó que había desgracias mucho mayores que la que representaba la pérdida de un baile, y que algunos mortales las experimentaban todos los días; también, que podía llegar un día en el que se encontrara mirando hacia atrás, con asombro y quizá con envidia, por no haber conocido una decepción mayor que esa.