Amor y amistad
Amor y amistad Este era un tema sobre el cual nunca podían estar de acuerdo, porque el señor Stanley, que se consideraba a sí mismo una persona perfectamente cualificada para decidir sobre estos temas, debido a su cargo en la Cámara de los Comunes, mantenía resueltamente que el reino hacía años que no se encontraba en un estado tan próspero y floreciente; y la señora Percival, con igual calor, aunque quizá menos argumentos, aseguraba con la misma vehemencia que la nación entera iba a la ruina y que todo, según su expresión, estaba patas arriba. No obstante, escuchar aquella disputa no dejaba de ser divertido para Kitty, sobre todo ahora que el dolor comenzaba a ceder un poco, y, sin participar en ella, encontró muy entretenido observar la intensidad con que ambos defendían sus opiniones, y no pudo evitar pensar que el señor Stanley no se sentiría más decepcionado si se cumplían las expectativas de su tía de lo que se sentiría su tía si fracasaban.
Después de un tiempo considerable, la señora Stanley y su hija hicieron su aparición, y Camilla, animadísima y de un humor excelente, comenzó a insistir en la pena que sentía por la situación de su amiga con energía redoblada, mientras practicaba sus pasos de danza escocesa por la habitación.