Amor y amistad
Amor y amistad Estos llevaban ausentes una hora y, como todo lo relativo a su vestido estaba preparado, pensó que en el curso de otra hora podía estar allí. Habían ido en el coche del señor Stanley y, por tanto, podía seguirlos en el de su tía. Como el plan parecía tan fácil de ejecutar y prometía tanto placer, solo le llevó unos minutos decidirse y, corriendo escaleras arriba, llamó en seguida a su doncella. El bullicio y las prisas que siguieron durante casi una hora concluyeron por fin y Kitty se encontró a sí misma muy bien vestida y guapísima. Mientras su ama se ponía los guantes y se arreglaba los pliegues del vestido, Anne fue enviada a llamar al coche. En pocos minutos, escuchó el sonido de este que se paraba ante la puerta y, aunque al principio se sorprendió por la rapidez con que todo se había hecho, llegó a la conclusión de que los criados habían recibido alguna señal anticipatoria de sus intenciones, y salía apresuradamente de la habitación, cuando Anne llegó corriendo y, presa de una enorme agitación, exclamó: