Amor y amistad
Amor y amistad »No obstante, decidí dar un paso muy atrevido y le escribí una carta sumamente amable, ofreciéndole con gran ternura mi mano y mi corazón. Como contestación, recibí una furiosa y displicente negativa. Creyendo que quizá se trataba más del efecto de su modestia que de otra cosa, volví a insistir sobre el asunto; pero él no contestó nunca más a mis cartas y poco después abandonó el condado. Tan pronto como supe de su marcha, le escribí aquí, informándole de que en poco tiempo tendría el honor de esperarle en Tramposería, sin recibir respuesta alguna. Elegí entonces tomar su silencio como muestra de consentimiento. Dejé Gales, sin decírselo a mi tía, y llegué aquí esta mañana después de un fatigoso viaje. Al preguntar dónde estaba su casa, me indicaron que cruzara este bosque, y la casa es aquella que ustedes pueden ver. Con el corazón alborozado por la esperada felicidad de contemplarle, entré en la casa y continué avanzando por su interior, cuando me sentí repentinamente cogida por una pierna y al examinar la causa, me encontré con que había caído en una de esas trampas de acero tan comunes en las tierras de los caballeros.
—¡Ah! —exclamó Lady Williams—. ¡Cuánta suerte hemos tenido de encontrarla, porque de otra forma quizá hubiésemos compartido con usted la misma suerte!