Amor y amistad
Amor y amistad —¡Ah! ¿Quién podrÃa? —dijo Alice con un profundo suspiro.
—Como mi tÃa mantenÃa una Ãntima amistad con su cocinera, decidió, a petición mÃa, intentar averiguar, por medio de su amiga, si habÃa alguna posibilidad de que este correspondiera a mi afecto. Con este fin, fue una tarde a tomar el té con la señora Susan, quien en el curso de la conversación hizo mención de la bondad de su posición y de la bondad de su amo; tras lo cual, mi tÃa comenzó a sonsacarla con tanta destreza que, en poco tiempo, Susan le dijo que no creÃa que su amo se casara nunca, «porque —dijo—, me ha declarado muchas, muchas veces, que su esposa, quienquiera que fuese, debÃa poseer juventud, belleza, alta cuna, ingenio, merecimientos y dinero. Muchas veces he intentado —continuó— razonar con él sobre esta resolución y convencerle de la improbabilidad de que encuentre a una dama semejante, pero mis argumentos no han tenido el menor efecto y continúa tan firme en su resolución como siempre».
»Pueden imaginarse, señoras, mi desconsuelo al escuchar esto; pues, a pesar de verme provista de juventud, belleza, ingenio y merecimientos, y a pesar de ser la probable heredera de la casa de mis tÃas y de su negocio, él podÃa considerarme deficiente en términos de rango y, por lo tanto, inmerecedora de su mano.