Amor y amistad
Amor y amistad Kitty, que lo que había esperado era que le dijera su nombre y no el de ella, y que, por gozar de tan pocas compañías, nunca se había encontrado en una situación como aquella, se sintió incapaz de preguntarle nada —a pesar de que había estado preparando lo que iba a decir mientras bajaba las escaleras—, y tan confundida y perturbada estaba ante lo inesperado de sus palabras, que solo pudo devolver un comentario de cortesía y aceptar sin saber lo que hacía la silla que él le acercaba.
El caballero entonces siguió hablando:
—Me imagino que está usted sorprendida de verme volver de Francia tan pronto, y realmente solo un asunto que debo resolver me ha hecho volver a Inglaterra. La causa que lo ha motivado es triste, y no podía dejar de presentar antes mis respetos a una familia en Devonshire con la cual hace mucho tiempo que deseo encontrarme.
Kitty, que se sentía mucho más sorprendida por el hecho de que él la creyera sorprendida que por el de ver en Inglaterra a una persona cuya partida le era completamente desconocida, continuó en silencio, atónita y confundida, mientras su visitante proseguía con su discurso.