Amor y amistad
Amor y amistad Para entonces, Kitty estaba totalmente convencida de que tanto en sus cualidades naturales como en sus conocimientos, Edward Stanley era infinitamente superior a su hermana. Su deseo de saber que así era la había inducido a aprovechar cualquier oportunidad para llevar la conversación al terreno de la historia, y pronto se habían visto enzarzados en una discusión histórica, en la cual la posición de Stanley no podía ser más calculada, ya que estaba muy lejos de pertenecer a ningún partido y apenas tenía una opinión sobre el tema. Por tanto, podía ponerse de un lado y del otro, y argumentar siempre con gran calor. En su indiferencia sobre aquellos temas era muy distinto de su acompañante, cuyos juicios, siempre guiados por sus cálidos y apasionados sentimientos, eran emitidos con facilidad; y, aunque no eran siempre infalibles, los defendía con una fuerza y un entusiasmo que eran prueba de su seguridad.
Llevaban conversando un rato de esta manera sobre la personalidad de Ricardo III, que él defendía ardientemente, cuando, de pronto, tomó la mano de ella y, exclamando con gran emoción «Le doy mi palabra de honor de que está usted completamente equivocada», la oprimió apasionadamente contra sus labios y salió corriendo del cenador.