Amor y amistad

Amor y amistad

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Aunque la señora Percival creía que sus excusas eran perfectamente razonables, Kitty no dejó de sentir un poco de vergüenza al darse cuenta de que la única que podía ofrecer a sus visitantes era que quizá su tía había cogido frío, porque esta le había dicho que restara importancia al asunto para no preocuparles. No obstante, como el señor y la señora Stanley conocían muy bien la terrible aprensión de su prima a ese respecto, recibieron la noticia sin demasiada sorpresa y dando muestras de educada consideración. Edward y su hermana llegaron en seguida, y Kitty no tuvo demasiadas dificultades en obtener una explicación de la conducta de Edward, pues este estaba demasiado involucrado y demasiado ansioso por conocer el éxito de su plan para no preguntar inmediatamente sobre el asunto; y la muchacha no pudo evitar sentirse sorprendida y ofendida a un tiempo por la indiferencia y la tranquilidad con las que el joven le dijo que su única intención había sido asustar a su tía haciéndole creer que sentía un afecto por ella, un plan por otra parte totalmente incompatible con esa atención especial que una vez había estado casi convencida de que él le dedicaba. Es verdad que no le conocía lo bastante para estar enamorada, pero en cualquier caso se sintió muy defraudada de que aquel joven tan guapo, tan elegante y tan alegre estuviese tan perfectamente libre de aquel Sentimiento como para convertirlo en su principal deporte. Había una novedad en su carácter que a los ojos de ella era sumamente agradable; Edward era más atractivo de lo común, su alegría y su sentido del humor se entendían muy bien con los de ella, y sus modales eran a la vez tan alegres e insinuantes que quizá, pensó Kitty, para él era imposible no ser amable, y se sintió dispuesta a aceptar que así era. Por otra parte, él conocía sus propios recursos, tantas veces le habían ayudado a obtener de su padre el perdón de faltas que, de haber sido tosco y desmañado, hubieran sido consideradas muy graves; a ellos debía, más incluso que a su persona o a su fortuna, el afecto que casi todo el mundo sentía por él, y que las muchachas en particular se inclinaban a prodigarle. Su influencia actuó también en esta ocasión y fue reconocida por Kitty, cuya rabia se diluyó completamente y cuyo buen humor, gracias a tal influencia, no solo le fue devuelto sino que incluso aumentó.


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