Amor y amistad
Amor y amistad «¿PodrÃa ser cierta la explicación de Camilla? —se preguntó Catharine, cuando su amiga dejó la habitación—. Y, después de todas mis dudas y mis inseguridades, ¿es posible que Stanley se mostrara reacio a abandonar Inglaterra solo por mÃ? Sus planes interrumpidos… ¿Y qué otros planes podrÃa tener sino el matrimonio? Y sin embargo, ¡enamorarse de mà tan pronto! Aunque quizá no sea sino el efecto de un corazón ardiente, lo que para mà es la mejor cualidad de una persona. Un corazón dispuesto a amar… ¡Y asà es el de Stanley, bajo la apariencia de tanta alegre indiferencia! ¡Oh, cómo me hace quererle esto! Pero se ha ido. Quizá para años. ¡Obligado a separarse de lo que más ama! ¡Su felicidad sacrificada por la vanidad de su padre! ¡En qué estado de angustia debe de haber dejado la casa! ¡Incapaz de verme o de despedirse de mÃ, mientras yo, despiadada inconsciente, me atrevÃa a estar durmiendo! Esto explica que saliera de la casa a esa hora del dÃa. No podÃa confiar en sà mismo si me veÃa. ¡Qué joven tan encantador! ¡Cuánto debe de haber sufrido! SabÃa que era imposible que alguien tan elegante y tan bien educado, se fuera de una casa de esta manera, si no era por un motivo tan incontestable». Y satisfecha por esta explicación que ya nada podÃa cambiar, se dirigió a la habitación de su tÃa de un humor excelente, sin acordarse para nada de la vanidad de las mujeres o de la inexplicable conducta de los hombres.