Amor y amistad
Amor y amistad —Señor, quizá se espere de mà que me muestre contento y agradecido por la oferta que me acaba de hacer, pero permÃtame que le diga que la considero una afrenta. Señor mÃo, sepa usted que me considero lo que se dice una belleza perfecta…, me pregunto dónde podrÃa usted encontrar una figura más hermosa o una cara más encantadora que las mÃas. Por otra parte, creo que mis modales y mi trato son de la más exquisita finura: hay en ellos una elegancia y una peculiar delicadeza que no he encontrado en ninguna otra persona y que me resulta imposible describir. Modestia aparte, mis dotes para todas las lenguas, todas las ciencias, todas las artes y para todo, son superiores a las de cualquier otra persona en Europa. Mi temperamento es equilibrado, mis virtudes innumerables: no tengo igual. Siendo esta mi condición, caballero, ¿puede decirme qué significa eso de que desea verme casado con su hija? PermÃtame que haga un rápido esbozo de usted y de ella. Le considero a usted, caballero, algo asà como un muy buen hombre, en general; sin duda es usted un borrachuzo, pero eso no me importa. En cuanto a su hija, no es ni suficientemente bella, ni suficientemente amable, ni suficientemente inteligente, ni suficientemente rica para mÃ. De mi esposa no espero sino lo que mi esposa encontrará en mÃ: Perfección. Estos son, señor mÃo, mis sentimientos, de los cuales me honro. Solo tengo una amiga, y me enorgullezco de tener solo una. En estos momentos se encuentra preparándome la cena, pero si desea usted verla, la llamaré. Ella podrá informarle de que estos han sido siempre mis sentimientos.