Amor y amistad
Amor y amistad —Cuatro meses después de que se marchara, tuve a esta niña, pero temiendo su justo resentimiento hacia ella por no ser el niño que deseaba, la llevé junto a un montón de heno y allà la dejé acostada. Pocas semanas más tarde, regresó usted, y afortunadamente para mÃ, no me hizo ninguna pregunta sobre el asunto. Feliz en mi interior por el bienestar de mi niña, pronto olvidé que la habÃa tenido. Tanto fue asà que, cuando poco después la encontramos junto al mismo montón de heno donde la habÃa dejado, tenÃa la misma idea que usted de que fuese mÃa, es decir ninguna, y creo que nada me hubiese recordado tal circunstancia de no haber escuchado ahora su voz accidentalmente, y que me parece el verdadero duplicado de la de mi propia niña.
—El relato convincente y racional que ha hecho de todo el asunto —dijo sir George— no deja lugar a dudas de que es nuestra hija, y como tal, la perdono totalmente del robo que llevara a cabo.
A continuación, se produjo una mutua reconciliación y Eliza, subiendo al coche con sus dos hijos, volvió al hogar del que habÃa estado ausente durante casi cuatro años.