Amor y amistad
Amor y amistad —¡Lady Harcourt!
A lo cual replicó la dama:
—¡Eliza!
—SÃ, señora, la desdichada Eliza en persona.
Sir George, que también estaba en el interior del coche, pero que se encontraba demasiado sorprendido para hablar, se disponÃa a pedir a Eliza una explicación sobre la situación en la que se hallaba, cuando Lady Harcourt, transportada de alegrÃa, exclamó:
—¡Sir George, sir George, Eliza no es solo nuestra hija adoptada, sino también nuestra verdadera hija!
—¡Nuestra verdadera hija! ¿Qué quiere decir, Lady Harcourt? Sabe usted bien que nunca ha tenido hijos. ExplÃquese, se lo ruego.
—Debe recordar, sir George, que cuando embarcó hacia América, me dejó encinta.
—Lo recuerdo, lo recuerdo… continúe, querida Polly.