Amor y amistad
Amor y amistad —Tienes toda la razón, Georgiana, pero la figura del señor Watts es desgraciadamente en extremo vulgar y su cara es muy sombrÃa. Por lo que se refiere a su temperamento, se ha considerado siempre malo, aunque es posible que el mundo entero se engañe al enjuiciarlo. Hay una abierta franqueza en su disposición, de esas que favorecen a un hombre. Dicen que es tacaño: llamaremos a eso prudencia. Dicen que es receloso: eso le viene de un corazón cálido, algo siempre excusable en la juventud. En resumen, no veo ninguna razón por la cual no pueda convertirse en un marido estupendo, o por la cual Mary no pudiera ser muy feliz a su lado.
Sophy se rio y yo seguà hablando.
—En cualquier caso, le acepte Mary o no, yo estoy resuelta y mi decisión ya ha sido tomada: nunca me casaré con el señor Watts, ni aunque la mendicidad sea la única alternativa. ¡No hay por dónde cogerlo! Es una persona odiosa y no tiene una sola cualidad que lo redima. Sin duda tiene una buena fortuna, ¡pero tampoco es para tanto! Tres mil al año. ¿Qué son tres mil al año? No son más que seis veces la renta de mi madre. Eso no me tentará.
—Pero será una estupenda fortuna para Mary —dijo Sophy volviendo a reÃrse.
—¡Para Mary! De verdad que me producirá un enorme placer verla rodeada de tales riquezas.