Amor y amistad
Amor y amistad —¡Te puedes creer, Sophy —me dijo—, que el viejo Loco quiere que el nuevo calesÃn tenga el mismo color que el antiguo, y el mismo tamaño! Pero no lo permitiré…, llevaré el asunto hasta donde haga falta. Y si no hace que sea tan alto como el de las Dutton, y que se pinte de azul con lunares plateados, no me casaré con él. Eso es lo que haré. Ahà viene. Sé perfectamente que se comportará como un grosero, que no me dirá una sola palabra amable, ni por supuesto se comportará como un amante.
Dicho esto, se sentó y el señor Watts entró en la habitación.
—Señoras, mis respetos.
Nosotras devolvimos cortésmente el saludo y él tomó asiento.
—Parece que tenemos buen tiempo, señoras. Y, después, volviéndose hacia Mary, añadió:
—Bien, señorita Stanhope, confÃo en que por fin haya considerado bien el asunto y que sea tan amable de decirme si piensa condescender o no a casarse conmigo.
—Me parece, caballero —dijo Mary—, que podrÃa habérmelo preguntado de una forma un poco más amable. No sé cómo voy a casarme con usted si se comporta de una manera tan extravagante.
—¡Mary! —exclamó mi madre.
—Mamá, si empieza de esa manera…