Amor y amistad
Amor y amistad —Calla inmediatamente, Mary. No te permito que seas grosera con el señor Watts.
—Por favor, señora, no fuerce a la señorita Stanhope a comportarse con educación. Si no acepta mi mano, puedo ofrecerla en otra parte, pues si es cierto que siento por ella una particular predilección por encima de sus hermanas, me da igual casarme con otra de las tres.
¡Es posible imaginar a alguien más canalla! Sophy se puso colorada de rabia y yo me sentà completamente despechada.
—Bien, en ese caso —dijo Mary en tono despreciativo—, y si es que debo hacerlo, me casaré con usted.
—Siempre habÃa pensado, señorita Stanhope, que cuando se hace una oferta de la clase que yo le he hecho a usted, y en condiciones tan ventajosas, no deberÃa existir mayor dificultad en aceptarla.
Mary murmuró algo que acerté a escuchar porque estaba sentada cerca de ella, algo asà como: «¿Y de qué sirve un contrato prematrimonial[8] ventajoso si los hombres viven eternamente?». Y después, de forma audible, añadió:
—Acuérdese de la asignación para mi ropero: doscientas al año.
—Ciento setenta y cinco, señora.
—Doscientas, señor mÃo —dijo mi madre.