Emma

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El señor Woodhouse estaba casi tan interesado en aquel asunto como las muchachas, y muy a menudo intentaba procurarles algo digno de figurar en la colección.

—¡Tantos buenos acertijos como había cuando yo era joven!

Y se maravillaba de no recordar ninguno. Pero confiaba que con el tiempo se iría acordando. Y siempre terminaba con: «Kitty, una moza linda, pero fría… »

Tampoco su gran amigo Perry, a quien había hablado acerca de aquello, pudo por el momento facilitarle ningún acertijo; pero le había pedido a Perry que estuviera alerta, y como él visitaba tantas casas suponía que algo iba a conseguirse por ese lado.

Su hija no pretendía que todo Highbury se exprimiese el cerebro. La única ayuda que solicitó fue la del señor Elton. Se le invitó a aportar todos los enigmas, charadas y adivinanzas que pudiese recoger; y Emma tuvo la satisfacción de verle interesarse muy de veras por esta labor; y al mismo tiempo advirtió que ponía el mayor empeño en que no saliese de sus labios nada que no fuese un cumplido, una galantería para el sexo débil. Él fue quien aportó los dos o tres rompecabezas más galantes; y la alegría y el entusiasmo con que finalmente recordó y recitó, en un tono más bien sentimental, aquella charada tan conocida

Mi primera denota cierta pena


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