Emma
Emma —Creo que vendrá mañana porque tengo que hacerle dos o tres consultas de cierta importancia. Y cuando venga, querida, serÃa mejor que diera un vistazo a la garganta de Bella.
—¡Oh, papá! Está tan mejorada de la garganta que ya casi no me preocupa. No sé si han sido los baños o si la mejorÃa tiene que atribuirse a una excelente cataplasma que nos recomendó el señor Wingfield y que hemos estado poniéndole una serie de veces desde el mes de agosto.
—Querida, no es muy probable que hayan sido los baños los que le hayan sentado bien… y si yo hubiese sabido que lo que necesitabais era una cataplasma hubiera hablado con…
—Me parece que os habéis olvidado de la señora y la señorita Bates —dijo Emma—; no os he oÃdo preguntar por ellas ni una sola vez.
—¡Oh, sÃ, las Bates, pobres! Estoy totalmente avergonzada de mà misma… pero las mencionabas en la mayorÃa de tus cartas. Supongo que están bien, ¿no? ¡Pobre señora Bates, con lo buena que es! Mañana iré a visitarla y me llevaré a los niños… ¡Están siempre tan contentas de ver a mis niños! ¡Y la señorita Bates también es tan buena persona! Lo que se dice gente buena de veras… ¿Cómo están, papá?