Emma

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Bajo el influjo de estas sensaciones, las cortesías del señor Elton no podían ser más inoportunas; pero ella se consolaba pensando que en apariencia era muy atenta, cuando en realidad no podía contrariarla más aquella situación… y suponiendo que durante el resto de la velada forzosamente se volvería a hablar del mismo tema que al principio, o que por lo menos se aludiría a lo esencial del asunto, tratándose de una persona tan comunicativa como el señor Weston; y así resultó ser; y cuando por fin se hubo desembarazado del señor Elton y se sentó a la mesa junto al señor Weston, éste aprovechó la primera tregua que pudo hacer en sus deberes como anfitrión, la primera pausa que hubo desde que se sirvió el lomo de carnero, para decir a Emma:

—Sólo nos faltan dos personas más para ser el número exacto. Quisiera poder tener con nosotros a dos invitados más… la amiguita de usted, la señorita Smith, y mi hijo… sólo entonces podría decir que la reunión es completa del todo. No sé si me ha oído usted decir a los demás cuando estábamos en el salón que esperábamos a Frank. Esta mañana he tenido carta suya, y me dice que estará con nosotros dentro de dos semanas.

Emma no tuvo que esforzarse mucho por manifestar su alegría; y se mostró totalmente de acuerdo con la idea de que el señor Frank Churchill y la señorita Smith eran los dos comensales que faltaban para completar la reunión.


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