Emma
Emma —Desde el mes de setiembre —siguió diciendo el señor Weston— estaba deseando venir a vernos; en todas sus cartas hablaba de lo mismo; pero no puede disponer de su tiempo; se ve forzado a complacer a ciertas personas, y complacer a estas personas (y que eso quede entre nosotros) a veces cuesta muchos sacrificios. Pero ahora no tengo la menor duda de que lo tendremos con nosotros hacia la segunda semana de enero.
—¡Qué alegrÃa va a tener usted! Y la señora Weston está tan ansiosa por conocerle bien que debe estar casi tan ilusionada como usted.