Emma

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Sin embargo, la señorita Churchill, como ya era mayor de edad y se hallaba en plena posesión de su fortuna —aunque su fortuna no fuese proporcionada a los bienes de la familia— no se dejó disuadir y la boda tuvo lugar con infinita mortificación por parte del señor y la señora Churchill, quienes se la quitaron de encima con el debido decoro. Éste fue un enlace desafortunado y no fue motivo de mucha felicidad. La señora Weston hubiera debido ser más dichosa, pues tenía un esposo cuyo afecto y dulzura de carácter le hacían considerarse deudor suyo en pago de la gran felicidad de estar enamorada de él; pero aunque era una mujer de carácter no tenía el mejor. Tenía temple suficiente como para hacer su propia voluntad contrariando a su hermano, pero no el suficiente como para dejar de hacer reproches excesivos a la cólera también excesiva de su hermano, ni para no echar de menos los lujos de su antigua casa. Vivieron por encima de sus posibilidades, pero incluso eso no era nada en comparación con Enscombe: ella nunca dejó de amar a su esposo pero quiso ser a la vez la esposa del capitán Weston y la señora Churchill de Enscombe.






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