Emma
Emma Ella fue la primera en anunciarlo al señor Knightley; y se lamentó todo lo que era de esperar (o tal vez, por estar fingiendo, algo más de lo que era de esperar) el proceder de los Churchill, al retener al joven con ellos. Luego hizo una serie de comentarios en los que puso más interés del que en realidad sentÃa acerca de lo beneficioso que serÃa la incorporación de un joven como él a una sociedad tan limitada como la del condado de Surrey; la ilusión que producirÃa el ver una cara nueva; la fiesta que serÃa para todo Highbury su sola presencia; y terminó haciendo nuevas reflexiones sobre los Churchill, lo cual le llevó a disentir abiertamente de la opinión del señor Knightley; y con Ãntimo regocijo por su parte se dio cuenta de que estaba defendiendo todo lo contrario de su verdadera opinión, y utilizando contra sà misma los argumentos de la señora Weston.
—Es muy probable que los Churchill tengan parte de culpa —dijo el señor Knightley frÃamente—; pero estoy casi seguro de que él hubiese podido venir si hubiera querido.
—No sé por qué supone usted eso. Él siente grandes deseos de venir; son su tÃo y su tÃa los que no le dejan.
—Yo no puedo creer que si él se empeña no le sea posible venir. Es demasiado inverosÃmil creer una cosa asà sin tener ninguna prueba.