Emma
Emma —Créame, Emma, a un hombre de corazón no le parecerÃa demasiado difÃcil. Se darÃa cuenta de que estaba en su derecho; y el hablarles de este modo (desde luego, como debe hablar un hombre de criterio, de una manera adecuada) le serÃa más beneficioso, le elevarÃa más en su consideración, reafirmarÃa mejor sus intereses ante las personas de quienes depende, que toda una serie de subterfugios oportunistas. SentirÃan por él no sólo afecto, sino también respeto. Se darÃan cuenta de que podÃan confiar en él; que el sobrino que cumplÃa su deber para con su padre, también lo cumplirÃa para con ellos; porque ellos saben, como lo sabe él y como todo el mundo debe de saberlo, que tiene el deber de hacer esta visita a su padre; y mientras se valen de los medios más bajos para irla aplazando, en el fondo no pueden tener la mejor opinión de él por someterse a sus caprichos. Un proceder recto inspira respeto a todo el mundo. Y si él obrara de este modo, de acuerdo con los buenos principios, con firmeza y con constancia, sus mezquinos espÃritus se inclinarÃan ante su voluntad.