Emma
Emma Sobre ella personalmente Emma no hubiera sabido qué decir. Sin duda era digna del señor Elton; con una educación suficiente para Highbury… lo suficientemente atractiva también… aunque lo más probable es que desmereciera al lado de Harriet. En cuanto a posición social, Emma sabía muy bien a qué atenerse; estaba convencida de que a pesar de todos sus presuntuosos alardes y de su desdén por Harriet, la realidad había sido muy distinta. Sobre esta cuestión la verdad parecía estar muy clara. No se sabía exactamente qué era; pero quién era fácil saberlo; y dejando aparte las diez mil libras, en nada parecía ser superior a Harriet. No aportaba ni un apellido ilustre, ni sangre noble, ni siquiera relaciones distinguidas. La señorita Hawkins era la menor de las dos hijas de un… comerciante -desde luego, hay que llamarle así- de Bristol; pero como, a fin de cuentas, los beneficios de su comercio no parecían haber sido muy elevados, era lógico suponer que los negocios a que se había dedicado no habían sido tampoco de mucha importancia. Cada invierno solía pasar una temporada en Bath; pero su casa estaba en Bristol, en el mismo centro de Bristol; pues aunque sus padres habían muerto hacía ya varios años, le quedaba un tío… que trabajaba con un abogado… todo lo que se atrevieron a decir de él fue que «trabajaba con un abogado»…; y la joven vivía en su casa. Emma suponía que se trataba del empleadillo de algún procurador y que era demasiado obtuso para subir de categoría. Y todo el lustre de la familia parecía depender de la hermana mayor, que estaba «muy bien casada» con un caballero que vivía «a lo grande» cerca de Bristol, y que tenía ¡nada menos que dos coches! Éste era el punto culminante de toda la historia; éste era el máximo motivo de orgullo de la señorita Hawkins.