Emma
Emma Por fin le convencieron para alejarse de la fachada de la Corona; y al hallarse ahora casi enfrente de la casa en que vivÃan las Bates, Emma recordó que el dÃa anterior querÃa hacerles una visita, y le preguntó si habÃa llevado a cabo su propósito.
—SÃ, sÃ, ya lo creo —replicó—; precisamente ahora iba a hablar de ello. Una visita muy agradable… Estaban las tres; y me fue muy útil el aviso que usted me dio; si aquella señora tan charlatana me hubiera cogido totalmente desprevenido, hubiese sido mi muerte; y a pesar de todo me vi obligado a quedarme mucho más tiempo del que pensaba. Una visita de diez minutos era necesaria y oportuna… y yo le habÃa dicho a mi padre que estarÃa de vuelta en casa antes que él; pero no habÃa modo de irse, no se hizo ni la menor pausa; e imagÃnese cuál serÃa mi asombro cuando mi padre al no encontrarme en ningún otro sitio por fin vino a buscarme, y me di cuenta que habÃa pasado allà casi tres cuartos de hora; antes de entonces la buena señora no me dio la posibilidad de escaparme.
—¿Y qué impresión le produjo la señorita Fairfax?