Emma
Emma —Mala, muy mala… es decir, si no es demasiado descortés decir de una señorita que produce mala impresión. Pero su aspecto es realmente inadmisible, ¿no le parece, señora Weston? Una dama no puede tener ese aire tan enfermizo. Y, francamente, la señorita Fairfax está tan pálida que casi da la impresión de que no goza de buena salud… Una deplorable falta de vitalidad.
Emma no estaba de acuerdo con él y empezó a defender acaloradamente el saludable aspecto de la señorita Fairfax.
—Es cierto que nunca da la sensación de que rebosa salud, pero de eso a decir que tiene un color quebrado y enfermizo va un abismo; y su piel tiene una suavidad y una delicadeza que le da una elegancia especial a sus facciones.
Él la escuchaba con una cortés deferencia; reconocÃa que habÃa oÃdo decir lo mismo a mucha gente… pero, a pesar de todo debÃa confesar que a su juicio nada compensaba la ausencia de un aspecto saludable. Cuando la belleza no era excesiva, la salud y la lozanÃa daban realce e incluso hermosura a la persona; y cuando la belleza y la salud se daban juntas… en este caso añadió con galanterÃa, no era preciso describir cuál era el efecto que producÃan.