Emma
Emma —¿Se imagina usted, señorita Fairfax, lo contentos que estarán sus amigos de Irlanda pensando en la ilusión que tendrá usted al recibir este regalo? Me atreverÃa a suponer que piensan a menudo en usted y que incluso calculan el dÃa, el dÃa preciso en que el piano habrá llegado a sus manos. ¿Cree usted que el coronel Campbell sabe que el piano está en su poder? ¿Supone usted que este regalo ha sido la consecuencia inmediata de un encargo suyo o más bien que sólo dio instrucciones generales, sin concretar la cuestión del tiempo y haciéndolo depender de ciertas contingencias y conveniencias?
Hizo una pausa. Esta vez la joven tenÃa que darse forzosamente por aludida; no podÃa evitar el dar una respuesta…
—Hasta que no tenga carta del coronel Campbell —dijo ella con una voz forzadamente tranquila— no puedo suponer nada con seguridad. Sólo pueden hacerse conjeturas.