Emma
Emma —Sea quien sea, la persona a quien el coronel Campbell ha hecho este encargo —dijo Frank Churchill sonriendo a Emma—, no ha elegido mal. En Weymouth se hablaba mucho del buen gusto del coronel Campbell; y estoy seguro de que la suavidad de las notas altas es exactamente lo que él y todos sus amigos de allà hubieran apreciado más. Me atreverÃa a decir, señorita Fairfax, que o bien dio él mismo instrucciones muy precisas a su amigo o bien escribió en persona a Broadwood. ¿No lo cree usted asÃ?
Jane no se volvió. No estaba obligada a escuchar lo que decÃan. La señora Weston en aquel mismo momento también estaba dirigiéndole la palabra.
—Eso no está bien —dijo Emma en un susurro—; lo que yo le dije sólo fue una suposición hecha al azar. No la ponga en un aprieto.
Él negó con la cabeza mientras sonreÃa y adoptó el aire de alguien que tiene muy pocas dudas y muy poca compasión. Poco después comenzó de nuevo: