Emma
Emma —Conjeturas… sÃ, a veces se hacen conjeturas acertadas, y a veces conjeturas erróneas. Lo que me gustarÃa poder conjeturar es lo que aún tardaré en conseguir arreglar la montura de estas gafas. ¡Cuántas tonterÃas dice uno cuando está absorbido por un trabajo y se pone a hablar! ¿Verdad, señorita Woodhouse? Los trabajadores de verdad supongo que están siempre callados; pero nosotros los caballeros que trabajamos por afición, cuando oÃmos una palabra… La señorita Fairfax dijo algo sobre las conjeturas. Por fin, ya está. Señora —dirigiéndose a la señora Bates—, tengo el honor de devolverle sus gafas, por ahora arregladas.
Madre e hija le dieron las gracias muy efusivamente; para tratar de escapar a esta última se dirigió hacia el piano y rogó a la señorita Fairfax que aún estaba sentada ante el instrumento que tocara algo más.
—Si es usted tan amable —dijo él—, toque usted uno de aquellos valses que bailamos ayer por la noche; me gustarÃa tanto volver a oÃrlos. Usted no disfrutó de la velada tanto como yo; daba usted la impresión de estar cansada todo el tiempo. Me parece que se alegró de que no bailáramos más; pero yo hubiera dado todo lo del mundo y todos los mundos que hubiera tenido, por otra media hora.
Jane tocó lo que le habÃan pedido.